Y un día salimos de casa, con el corazón agitado, latiendo, pulsando cifras nuevas, marcando un tic tac de cadencia desconocida, una y otra vez observando agujas y calendarios. Llegado al momento, cualquier pronóstico se modifica, todas las planificaciones se derrumban. Los que especulaban con lunas observan eclipses y aquellos que establecían apuestas se redimen a la realidad. La de los números. Que ahora respiran de a tres por las noches.
Y un día volvimos a casa, con el corazón contento para no ser nunca más dos.